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Pon precio a tus servicios según lo que ganas por hora

· 2 min de lectura

Tijeras de peluquería sobre una toalla gris

La mayoría de las listas de precios se hacen mirando dos salones cercanos y colocándose en algún punto entre los dos. Se entiende, pero es una mala base, porque no sabes nada de sus costes ni de cuánto duran de verdad sus tratamientos.

Lo que cuenta es la hora

Lo importante es cuánto te deja una hora de tu tiempo, más que el precio de un tratamiento suelto. Coge la duración real, con la preparación y la limpieza incluidas.

Un tratamiento de 45 € que, con la preparación y la recogida, ocupa hora y media te deja 30 € la hora. Uno de 30 € que dura cuarenta y cinco minutos te deja 40 € la hora. El más barato te conviene más, y la lista de precios nunca te lo va a decir. En una peluquería es donde esta diferencia se nota más.

Quita lo que nadie pide

Una lista larga parece variedad. En la práctica es una decisión más que tiene que tomar el cliente y otra forma de equivocarse.

Mira los últimos tres meses y fíjate en lo que la gente reserva de verdad. Lo que se ha pedido una sola vez en ese tiempo no tiene por qué estar en la primera pantalla. Puede quedarse más abajo o solo bajo petición.

Subir los precios

Una subida de un euro que nadie nota no te sirve de nada, y el año que viene tendrás que volver a hacerla. Sube en saltos que se noten y avisa con tiempo: los clientes habituales se lo esperan, y se van muchos menos de los que temes.

Quien se va por un diez por ciento se habría ido por cualquier otra cosa.

Qué revisar en tu sistema

Pongas los precios como los pongas, en el sistema de reservas tienen que estar bien dos cosas: la duración real del tratamiento y el tiempo que necesitas entre clientes. Si están mal, el día se alarga un cuarto de hora por cliente, y eso es una hora al día que nadie te paga. Con las ausencias el dinero se escapa de la misma forma silenciosa.

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